GALA PLACIDIA

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Me llamo Gala Placidia y ya veo próxima mi muerte. Solo confío en que sobreviva Flavio Aecio, el último de los auténticos romanos, con cuyo brazo fuerte y amistad al final he contado. Sé que mi hijo Valentiniano, un emperador débil e inepto, tiene celos de él y yo ya no puedo controlar a mi hijo, en cuyo nombre goberné este Imperio de Occidente durante doce años hasta que él alcanzó los dieciocho. Aunque este imperio solo sobrevive mediante sutiles alianzas con bárbaros pueblos , nadie dirá que no cumplí en la vida como una auténtica romana.

images.jpgNací en Constantinopla en el año 390. Soy hija del emperador Teodosio el Grande, quien logró unir por última vez las dos partes de un imperio romano que se desmenuzaba poco a poco, y de segunda esposa Gala. Soymedio hermana de dos emperadores Honorio y Arcadio.

Al fallecer mi padre me quedé con mi tía constancia esposa del emperador Garciano el Joven. En año 410 Alarico atacó la ciudad y además de las enormes riquezas que consiguió me hizo prisionera cuando tenía apenas 20 años. Alarico murió ese mismo año durante su incursíon a través de Italia y Galia.

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Las negociaciones para mi liberación se alargaron y en Narbona me enamoré de un bárbaro, el visigodo se llamaba Ataúlfo, el único amor de mi vida, que se convirtió en el nuevo rey a la muerte de Alarico.

Nos casamos en el 414, en una ceremonia que se celebró por todo lo alto en la ciudad de Narbona. Pero la boda no le hizo mucha gracia a mi hermano emperador romano Honorio quien pretendía casarme con el máximo general Constancio. Los dos se enfadaron y mi hermano mandó a Constancio con sus legiones para recuperarme y de paso limpiar de bárbaros toda Galia. Constancio se dedicó a ello con especial empeño y emprendió una demoledora campaña que empujó a los visigodos de Ataúlfo hasta los Pirineos. Acorralados en suelo Galo no les quedó otra que cruzar las montañas llegando a donde sin demasiados problemas echaron a los Vándalos que la ocupaban. En Barcino nació nuestro hijo a quien llamamos Teodosio en honor a su abuelo, aunque murió al poco tiempo, y tuve que enterrar al único fruto de nuestro amor. También al poco tiempo, en medio de unas rencillas políticas, Ataúlfo fue herido mortalmente, víctima de una conjura nobiliar. En su lecho de muerte, para protegerme, ordenó devolverme a los romanos. Pero Sigerico, un salvaje que quizá participó en la conjura, tomó el poder.

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Lo primero que hizo fue matar a los seis hijos de Ataulfo, fruto de otros matrimonios , para después cebarse en mí de una forma cruel y retorcida. Me hizo caminar y vivir junto a las esclavas sometiéndome a todo tipo de humillaciones públicas en las que él procuraba estar siempre presente. Por fortuna, la actitud de Sigerico no gustó al resto de nobles godos por lo que su reinado no duró mucho, justo hasta que apareció con una daga clavada. Exactamente siete días.

Fue Walia el hermano de Ataúlfo el que nos vengó matando a Sigerico, y el que negoció con mi hermano Honorio mi devolución a cambio de valiosos cargamentos de trigo, renovando su alianza con los romanos para defender el paso a Hispania de la invasión de otros pueblos. Volví a Roma y mi hermano Honorio me forzó a casarme con su valioso general Constancio, asociado al gobierno del Imperio de Occidente, en enero del 417. De este matrimonio tuve dos hijos, Valentiniano III y Honoria.

valentiniano_y_Honoria.jpgMi hermano nombró a Constancio co emperador. Pero murió muy pronto, y no solo dejé de ser útil a mi degenerado hermano Honorio sino que además intentó abusar sexualmente de mí, lo que dio lugar a un gran escándalo público y unido a las acusaciones de que había conspirado contra él en

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connivencia con los visigodos, hizo que me refugiara con mis hijos en la corte de Constantinopla. Sin embargo, a los cuatro años, muerto mi hermano Honorio y tras los graves conflictos que surgieron, se me hizo volver de mi refugio para coronar emperador a mi hijode seis años. Procuré en un principio gobernar en el nombre de mi hijo con la ayuda de generales leales. Sin embargo, Aecio acabó por tener el control de la política imperial. Al final supe perdonar su hostilidad inicial por el bien del Imperio y me apoyé en él. Sólo él será capaz de librarnos de la constante amenaza de los hunos y de ese salvaje rey Atila que reúne mil pueblos contra nosotros. Pero no sé por cuánto tiempo. Y sobre todo sé que ya no lo veré. Así acababan las memorias de Gala Placidia una mujer a la que le tocó vivir el desmoronamiento final del imperio romano y conoció tanto la vida regalada y llena de lujos como las más tristes y dolorosas penurias. Gala Placidia murió con más de sesenta años y como cristiana devota que fue toda su vida contribuyó a la construcción de varias iglesias, así como del mausoleo donde se hallan sus restos junto a los de sus hijos y, según cuenta la leyenda, también los restos de su amado Ataúlfo, aunque esto nunca se ha demostrado.

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Mausoleo de Gala Placidia, Rávena.


Sara Puchades Belda(4ºD)